Por Yaritza Contreras
El pasado 27 de enero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, oficializó el retiro del país del Acuerdo de París, decisión que se concreta tras la firma de una orden ejecutiva al inicio de su segundo mandato en la Casa Blanca. Es la segunda vez que el mandatario impulsa la salida del país de este compromiso climático internacional, luego de haberlo hecho por primera vez en 2021, durante el último año de su anterior administración.
“Me retiro de inmediato de esta estafa injusta y unilateral del Acuerdo Climático de París”, declaró en enero del año pasado al momento de firmar. “Estados Unidos no saboteará nuestras propias industrias mientras China contamina con impunidad”.
Tras esta medida, el país norteamericano se suma a Irán, Libia y Yemen, que actualmente se mantienen fuera del tratado internacional, en un contexto global marcado por el aumento de los desastres asociados al cambio climático. Altratarse del segundo mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero, después de China, su retiro debilita los esfuerzos internacionales por limitar el aumento de la temperatura global.
¿Qué es el Acuerdo de París?
Adoptado el 12 de diciembre de 2015 durante la COP21, el Acuerdo de París tiene como objetivo limitar el calentamiento global a muy por debajo de los 2 °C, con esfuerzos por no superar los 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales. Para avanzar hacia esta meta, el tratado fue suscrito por 196 países, prácticamente la totalidad de la comunidad internacional.
El compromiso central del acuerdo apunta a alcanzar el máximo de las emisiones de gases de efecto invernadero lo antes posible, con el fin de avanzar hacia la neutralidad climática a mediados de siglo. En este contexto, el retiro de Estados Unidos podría traer consecuencias como el aumento del nivel del mar, olas de calor más extremas y la intensificación de fenómenos como inundaciones, incendios forestales y sequías.
Durante el anterior retiro de Estados Unidos del Acuerdo, anunciado en 2017, la Organización Meteorológica Mundial ya había alertado sobre sus posibles consecuencias. En ese contexto, Deon Terblanche, jefe del Departamento de Medio Ambiente y de Investigación Atmosférica, advirtió que, en el peor de los escenarios, la decisión podría provocar un aumento de hasta 0,3 °C en la temperatura global hacia finales de siglo.
Ocho años después de aquella advertencia, el contexto climático es aún más complejo. La reiteración de esta decisión por parte del país americano vuelve a encender las alertas sobre el impacto que las definiciones políticas de las grandes potencias pueden tener en la lucha contra el cambio climático.

Su desvinculación con otras organizaciones
Cabe recordar que Donald Trump ha mantenido una postura crítica frente a la agenda climática internacional. En septiembre de 2019, el entonces mandatario la calificó como “la mayor estafa de la historia”, declaración que anticipó su decisión de retirar a Estados Unidos de diversos organismos y acuerdos vinculados a la lucha contra la crisis climática.
En ese contexto, durante 2025, su administración anunció la salida del país de la junta del Fondo de Respuesta de la ONU para Pérdidas y Daños, mecanismo creado tras complejas negociaciones en la COP27 de 2022, cuyo objetivo es apoyar a naciones de bajos ingresos, particularmente vulnerables al cambio climático, en la recuperación frente a desastres asociados a este fenómeno.
A ello se suma que, a comienzos de este año, Trump informó el retiro de la nación de más de 60 organizaciones internacionales, convenciones y tratados, argumentando que “no sirven a los intereses de Estados Unidos”. Entre los organismos afectados se encuentran:
- Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)
- Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)
- Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES)
- Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI)
- Fondo Verde del Clima (GCF) y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA).
Desde el inicio de su segundo mandato, ha dejado en evidencia su postura frente a la cooperación global, no solo retirando a Estados Unidos de diversos tratados, sino también congelando y recortando fondos destinados a programas de desarrollo.
Un ejemplo de ello fue lo ocurrido con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), cuyos recursos fueron progresivamente restringidos hasta que, meses después, la Agencia cerró oficialmente. Para 2025, más del 80% de sus programas habían sido cancelados, lo que significó el fin del apoyo a cientos de proyectos en distintas regiones del mundo.
Influencia en la acción climática
Pese a su retiro de distintos acuerdos y organismos internacionales, Estados Unidos ha mantenido una participación selectiva en algunas iniciativas ambientales. Durante 2025, el Departamento de Estado manifestó disposición a involucrarse en el Tratado Global sobre Plásticos, con el objetivo de mejorar la recolección y gestión de residuos, reduciendo la cantidad de plástico que termina en el medio ambiente.
Sin embargo, esta participación ha estado marcada por tensiones. Al tratarse de una de las principales potencias en la industria del petróleo y el gas, el país se opuso a recortes en la producción de plásticos, así como a la prohibición de ciertos productos plásticos y aditivos químicos, lo que limitó el alcance de su compromiso en las negociaciones.
Cabe destacar que una parte significativa del plástico se fabrica a partir de combustibles fósiles. De acuerdo con una investigación del área Energy Technologies del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, de mantenerse la trayectoria actual de crecimiento de la industria, la producción mundial de plástico podría duplicarse o incluso triplicarse hacia 2050.
Esta dependencia de los combustibles fósiles ha contribuido a diversos problemas ambientales y tiene un impacto directo en el presupuesto global de carbono disponible para mantener el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de los 1,5 °C o, en un escenario menos ambicioso, de los 2 °C.
En este contexto, hace un mes, activistas ambientales denunciaron modificaciones en el sitio web de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), donde se habrían eliminado referencias a los combustibles fósiles como causa del cambio climático, atribuyéndole únicamente a factores naturales como la actividad volcánica, variaciones en la radiación solar o cambios en la reflectividad de la Tierra.

En este escenario, la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y su distanciamiento de la agenda climática internacional no solo debilitan los esfuerzos multilaterales para enfrentar la crisis climática, sino que también generan incertidumbre sobre el futuro del cumplimiento de las metas globales.
En un contexto de aumento sostenido de desastres ambientales y de advertencias científicas cada vez más urgentes, las decisiones de una de las principales potencias mundiales adquieren un peso determinante en el rumbo de la acción climática global.



