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Uno Punto Cinco lanza informe sobre el estado de los combustibles fósiles en Chile

El documento advierte que, pese al avance de las energías renovables en el sistema eléctrico, Chile aún no ha reducido estructuralmente su dependencia del petróleo, el carbón y el gas natural.

Uno Punto Cinco presentó el informe “Estado de los Combustibles Fósiles en Chile: Un contexto para avanzar hacia la seguridad y soberanía energética de Chile, dejando atrás los combustibles fósiles”, una publicación que analiza la evolución del uso de combustibles fósiles en el país entre los años 2000 y 2024, junto con sus implicancias económicas, políticas y climáticas.

El lanzamiento ocurre en el marco de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, realizada en Santa Marta, Colombia, entre el 24 y el 29 de abril. Este encuentro inaugura un espacio internacional complementario a la CMNUCC, orientado a acelerar la salida de combustibles como el petróleo y avanzar desde los compromisos climáticos hacia su implementación concreta.

El informe plantea una idea central: Chile ha avanzado de manera importante en energías renovables, pero eso no significa que haya reducido su dependencia fósil. En 2024, las energías renovables superaron el 68% de la generación eléctrica nacional. Sin embargo, al observar el sistema energético completo —incluyendo transporte, industria, calefacción y otros usos— la situación es distinta. Entre 2000 y 2024, la oferta energética total creció un 53%, las fuentes no fósiles aumentaron un 139%, pero los combustibles fósiles también crecieron un 29%.

Esto significa que las energías renovables no han reemplazado de forma suficiente al petróleo, el carbón y el gas natural. Más bien, han crecido en paralelo a ellos. En palabras del informe, Chile utiliza hoy más energía renovable que en el año 2000, pero también más energía fósil.

Uno de los principales hallazgos es que el petróleo sigue siendo la fuente energética dominante del país. Entre 2000 y 2024, su oferta aumentó un 50%, consolidándose como el principal sostén de la dependencia fósil nacional. Su uso se concentra especialmente en el transporte, sector que en 2024 representó cerca del 60% del consumo de petróleo. Esto muestra que la transición energética no puede limitarse al sector eléctrico: también requiere transformar de manera profunda la movilidad, la logística y los patrones de consumo energético del país.

El documento también advierte sobre la situación del gas natural. Aunque el carbón ha disminuido de forma relevante desde su máximo histórico, parte de ese espacio ha sido ocupado por el gas. En 2024, el gas natural concentró más de la mitad de su consumo en generación eléctrica, lo que evidencia que la reducción del carbón no siempre se traduce en una descarbonización efectiva, sino que puede implicar una sustitución entre combustibles fósiles.

La dependencia fósil también tiene una dimensión económica. Según el informe, en 2025 Chile destinó US$12.295 millones a la importación de combustibles fósiles, principalmente desde Estados Unidos, Argentina, Brasil y Colombia. Esta cifra refleja una vulnerabilidad estructural: el país depende de combustibles que no produce, cuyos precios se definen en mercados internacionales y cuya disponibilidad puede verse afectada por crisis geopolíticas, conflictos o restricciones de suministro.

Desde Uno Punto Cinco, el diagnóstico es claro: Chile no enfrenta solo un problema energético, sino también económico, geopolítico y social. La dependencia del petróleo y otros combustibles fósiles expone al país a alzas de precios que terminan afectando directamente a las personas, especialmente cuando los costos se trasladan al transporte, los bienes básicos y la vida cotidiana.

El informe también identifica una brecha de política pública. Chile cuenta con metas de carbono-neutralidad para 2050 y diversos instrumentos sectoriales asociados a la reducción de emisiones. Sin embargo, no existe un instrumento integrado que evalúe si la suma de esas medidas está reduciendo efectivamente la dependencia fósil del país. El carbón cuenta con una dirección de salida más clara, aunque basada en acuerdos voluntarios; el petróleo tiene metas de electromovilidad de largo plazo, pero sin una estrategia unificada; y el gas natural no cuenta con una trayectoria de salida definida en los instrumentos vigentes.

Frente a este escenario, Uno Punto Cinco plantea que la transición energética chilena debe medirse no solo por la expansión de energías renovables, sino por su capacidad de reducir de manera verificable la demanda de combustibles fósiles. Ese es el paso pendiente para avanzar hacia una transición que fortalezca la seguridad energética, disminuya la vulnerabilidad económica y contribuya de manera real al cumplimiento de los compromisos climáticos del país.

El informe completo se encuentra disponible en el sitio web de Uno Punto Cinco.

Descarga el informe aquí:
https://www.unopuntocinco.org/download/estado-de-los-combustibles-fosiles-en-chile/