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Señor Director:

Cuando el presidente Gabriel Boric asumió la presidencia de Chile, la tríada progresista que compartía escenario con Petro en Colombia y Lula en Brasil prometía transformación. Nuevos liderazgos traían esperanza a América Latina. Hoy, en plena COP30, el espejo se ha agrietado y devuelve una imagen distorsionada del mundo. Lula recuerda que la Amazonía es el corazón del planeta, mientras António Guterres advierte que avanzamos hacia 2,6 °C de calentamiento global. La ciencia sugiere que ya cruzamos los 1,5 °C, pero la política insiste en medir el tiempo con relojes rotos que avanzan y retroceden.

Chile, como la Alicia curiosa que sigue al Conejo Blanco en la novela de Lewis Carroll, se asoma a ese reflejo pero descubre otro país: trece años de sequía, glaciares que retroceden, incendios que devoran bosques y ciudades. Al otro lado del cristal, la promesa de desarrollo se disfraza de progreso mientras la estabilidad del clima continúa en deterioro.

Belém exige decisiones reales: reducir emisiones 43 % al 2030, movilizar 1,6 billones de dólares anuales. Pero también demanda valentía e inteligencia. Si Chile camina sobre la cuerda floja en este periodo electoral: si retrocede en sus compromisos climáticos, puede cruzar definitivamente al otro lado del espejo, donde el sueño de desarrollo se vuelve una pesadilla climática de la que ya no podremos despertar.”

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COP30: acción climática y política para América Latina y Chile  

Por Benjamin Carvajal y Rodrigo Astorga  Originalmente publicada en el desconcierto. La COP30 no será solo una cumbre
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